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Alterar la atmósfera para combatir el cambio climático podría no matarnos a todos: estudio

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Los desafíos que presenta el cambio climático son muy reales, pero actualmente no existe la voluntad política para enfrentarlos. Hacerlo de la “manera correcta” significa cambios sustanciales en la forma en que viajamos, generamos energía y cultivamos alimentos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, eso es mucho trabajo. Un nuevo estudio examina propuestas para modificar la atmósfera a través de un proceso llamado geoingeniería. Los investigadores lo dicen puede ser realmente factible, pero a otros les preocupa que este atajo pueda presentar inconvenientes desconocidos en el futuro.

Todos estamos familiarizados con los mecanismos básicos del cambio climático a estas alturas. Los seres humanos han empezado a extraer del suelo hidrocarburos densos en energía para alimentar el mundo. Eso significa que hay sustancialmente más dióxido de carbono en la atmósfera del que la vida vegetal puede absorber, y que acumula calor en la atmósfera para elevar las temperaturas globales, el llamado efecto invernadero.

La mayoría de los esfuerzos para abordar el cambio climático tienen como objetivo reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, según algunas estimaciones, estamos haciendo girar el barco demasiado lento para evitar impactos catastróficos del cambio climático. Los científicos han propuesto (medio en serio) que podríamos imitar los efectos de una erupción volcánica masiva poniendo partículas reflectantes en la atmósfera. Esta forma de geoingeniería contrarresta el cambio climático al reducir la cantidad de radiación solar que llega a la Tierra. Entonces, todavía hay un efecto invernadero, pero al final todo se iguala.

Los datos de la NOAA muestran que los últimos años han sido significativamente más cálidos que el promedio.

Una de las principales preocupaciones de la geoingeniería es que algunas regiones podrían experimentar un empeoramiento de las condiciones. El nuevo análisis de investigadores de Harvard, Princeton y MIT sugiere que cualquier impacto climático negativo sería extremadamente menor. El equipo desarrolló un modelo que asumía la liberación de suficiente dióxido de azufre para contrarrestar la mitad del efecto de calentamiento del dióxido de carbono. Según los resultados, solo el 0,4 por ciento de la tierra sin hielo vería efectos nocivos.

Los miembros del equipo tienen cuidado de señalar que este análisis no significa una luz verde para la geoingeniería. Hay numerosas cuestiones a considerar antes de emprender tal acción. Por ejemplo, ¿quién tiene la autoridad para modificar la atmósfera compartida por todo el mundo? ¿Quién lo pagaría siquiera? La geoingeniería a esta escala podría costar cientos de miles de millones por año. En ese momento, ¿no es mejor utilizar ese dinero en esfuerzos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero? Nadie va a empezar a bombear dióxido de azufre al cielo mañana, pero puede llegar a ese punto algún día.